
El mar de Ross y el Antártico profundo: el último océano salvaje
El mar de Ross, declarado la mayor área marina protegida del mundo en 2016, es la frontera última de la exploración antártica: un océano de hielo, volcanes activos y fauna que nunca ha aprendido a temer al ser humano.
Si la Península Antártica es la Antártida accesible —la que se alcanza cruzando el pasaje de Drake desde Ushuaia en dos días de navegación—, el mar de Ross es la Antártida verdadera: más remota, más extrema, más silenciosa y, para quienes la conocen, incomparablemente más poderosa. Situado en el sector del Pacífico del océano Austral, entre las longitudes 160 Este y 158 Oeste, el mar de Ross es una enorme hendidura en la costa antártica donde el hielo y el océano abierto se encuentran en un equilibrio que las estaciones desplazan dramáticamente. Su costa interior está dominada por dos masas de tierra: la Tierra de Victoria y la Tierra de Marie Byrd, y por dos volcanes colosales, el Erebus y el Terror, nombrados así por los barcos de la expedición de James Clark Ross en 1841.
En 2016, tras años de negociaciones en la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA), el mar de Ross fue declarado el área marina protegida más grande del mundo, con 1,55 millones de kilómetros cuadrados bajo restricciones de pesca. La designación reconoció lo que los científicos llevan décadas documentando: el mar de Ross es uno de los ecosistemas marinos más productivos y menos alterados del planeta, hogar de la mayor concentración de orcas antárticas del mundo, de colonias de pingüinos emperadores y de Adelia que no conocen el miedo humano, y de un krill y una cadena trófica tan íntegros que los oceanógrafos lo llaman el último océano.
El volcán Erebus: fuego en el hielo
El monte Erebus, en la Isla Ross, es el volcán activo más austral del mundo y uno de los más fascinantes de la Tierra. Con 3.794 metros de altura, tiene en su cráter uno de los pocos lagos de lava permanentes del mundo —una cubeta de roca fundida que burbujea y ocasionalmente lanza bombas volcánicas de varios metros— que ha sido objeto de estudio científico continuo desde la instalación del observatorio sismológico en la cima. Ver el Erebus desde el barco, con su penacho de vapor y gas erupcionando en el cielo antártico, crea una de esas imágenes que colisionan categorías: el fuego y el hielo en el mismo encuadre.
La Isla Ross alberga también la cabaña de Cabo Royds donde Ernest Shackleton invernó en 1908 durante la expedición Nimrod, y las cabañas de Robert Falcon Scott en Cabo Evans y Hut Point, conservadas casi perfectamente por el frío antártico y declaradas monumentos históricos bajo el Tratado Antártico. Entrar en la cabaña de Scott —con las latas de provisiones aún en las estanterías, las botas de los hombres junto a las literas, los diarios de la expedición sobre la mesa— es una de las experiencias históricas más emotivas que ofrece la Antártida.
La plataforma de hielo de Ross: la barrera de hielo más grande del mundo
La plataforma de hielo de Ross es una masa de hielo flotante anclada a la costa antártica de aproximadamente el mismo tamaño que Francia. Es la mayor plataforma de hielo del mundo —con unos 487.000 kilómetros cuadrados— y su frente norte, la Barrera de Ross, es una pared de hielo de entre diez y cincuenta metros de altura sobre el agua (y varios cientos de metros de profundidad bajo ella) que se extiende horizontalmente durante cientos de kilómetros. Fue este frente de hielo lo que detuvo a James Clark Ross en 1841, quien lo describió como un muro de hielo "tan imposible de penetrar como si fuera la costa de Inglaterra".
La plataforma de Ross fue también la rampa de lanzamiento de las grandes expediciones al Polo Sur. Tanto Amundsen como Scott alcanzaron el polo cruzando la plataforma; Amundsen partiendo desde la Bahía de las Ballenas —una entrada en la plataforma que usó como base de su expedición victoriosa de 1911-1912— y Scott desde su base en la Isla Ross. La bahía ha cambiado de forma desde entonces —la dinámica del hielo es constante—, pero navegar frente a la Barrera de Ross, con su pared de hielo extendiéndose hasta el horizonte, es comprender visualmente por qué estas expediciones de principios del siglo XX se consideran entre las más extraordinarias de la historia de la exploración humana.
Las orcas del mar de Ross
El mar de Ross tiene la mayor concentración de orcas del mundo, en particular del ecotipo C (también llamado orca pequeña de tipo C), una subespecie adaptada específicamente a las aguas del sector del Pacífico del océano Austral que se alimenta principalmente de peces —en particular del bacalao antártico (Dissostichus mawsoni)— en lugar de mamíferos. Pero el mar de Ross también alberga orcas del tipo A, que cazan foca de Weddell y pingüinos, y del tipo B, que cazan focas en grupo usando técnicas de caza cooperativa extremadamente sofisticadas como el lavado de olas: varias orcas nadan en paralelo para crear una ola que lanza a la foca fuera del témpano.
La densidad de orcas en el mar de Ross es tal que los avistamientos son casi garantizados en una expedición de dos semanas. Ver a un grupo de orcas cazando en cooperación bajo los témpanos, o a una madre enseñando a su cría la técnica del lavado de olas, son momentos que los naturalistas clasifican entre los más extraordinarios de cualquier expedición de vida salvaje en el mundo. La ausencia de presión de caza durante décadas ha producido orcas que se acercan al barco con curiosidad genuina, rodando y soplando a metros del casco.
Los pingüinos emperadores y los pingüinos de Adelia
El mar de Ross alberga varias colonias de pingüinos emperadores (Aptenodytes forsteri), la mayor especie de pingüino del mundo, que crían en el hielo marino durante el invierno austral —entre mayo y agosto— en temperaturas que pueden bajar de menos cincuenta grados Celsius. Las colonias más accesibles para expediciones de verano austral (noviembre-enero) se encuentran en la bahía de Atka, en el cabo Washington y en la bahía de Coulman. Ver a un emperor —con su altura de casi 1,2 metros, su pechera amarilla y su compostura casi estoica— es uno de los encuentros más memorables de la fauna antártica.
Las colonias de pingüinos de Adelia (Pygoscelis adeliae) en el mar de Ross son las más grandes del mundo. La colonia de Cabo Adare, en el extremo norte de la Tierra de Victoria, tiene unas 280.000 parejas nidificantes —la mayor colonia conocida de la especie— apiñadas en una lengua de grava en la base de unos acantilados verticales. La densidad, el olor y el ruido de una colonia de esta magnitud son experiencias que desbordan cualquier descripción previa; los pingüinos se mueven como una marea viva, completamente indiferentes a la presencia humana.
Cabo Adare y los primeros en invernar en la Antártida
Cabo Adare tiene el honor de ser el lugar donde el primer ser humano invernó en el continente antártico. En 1899, la expedición Southern Cross, liderada por Carsten Borchgrevink, pasó el invierno en Cabo Adare en dos cabañas de madera que aún se conservan, catalogadas como las estructuras más antiguas de la Antártida. El grupo de tierra de diez hombres soportó la oscuridad polar, temperaturas extremas y el confinamiento absoluto con una combinación de determinación y, en algunos casos, crisis psicológica bien documentada.
La cabaña de Borchgrevink es visitable en condiciones controladas —el estado de conservación es notable gracias al clima seco y frío—, y su interior, con los utensilios de cocina originales y las cuchetas donde durmieron los hombres, tiene una calidad fantasmal que la cabaña de Scott amplifica con aún mayor intensidad. Para cualquier viajero con interés en la historia de la exploración polar, el mar de Ross es un museo viviente donde los escenarios y los protagonistas son físicamente tangibles.
Cómo se llega y qué esperar
Viajar al mar de Ross es una expedición de verdad: los barcos parten habitualmente de Dunedin o Christchurch (Nueva Zelanda) o de Hobart (Tasmania, Australia) y navegan entre cinco y siete días antes de alcanzar las aguas del mar de Ross, cruzando el océano Austral en condiciones que pueden ser exigentes. Los itinerarios completos suelen durar entre tres y cuatro semanas, con días de navegación y días de desembarcos intensivos. No hay opciones de vuelo directo al área; la travesía oceánica es parte inherente de la experiencia.
Los barcos que operan estas rutas son necesariamente de clase polar —cascos reforzados, con capacidad de navegar entre el hielo— y llevan equipos científicos y naturalistas especialistas en los ecosistemas del mar de Ross. Las plazas son limitadas y la demanda entre los viajeros serios supera con frecuencia la oferta disponible para una temporada dada. Nuestros itinerarios al mar de Ross se planifican con meses de antelación y requieren un nivel físico y una disposición de adaptación al clima y al movimiento que difieren de las expediciones estándar a la Península Antártica.
Respuestas rápidas
¿En qué se diferencia el mar de Ross de la Península Antártica?
La Península Antártica es la Antártida más accesible: a dos días de Drake desde Ushuaia, con temperaturas más moderadas y la fauna más conocida (pingüinos barbijo, gentoo, leopardos marinos). El mar de Ross es más remoto —a cinco o siete días de navegación desde Nueva Zelanda— más frío, con pingüinos emperadores y de Adelia, con el volcán Erebus, con la Barrera de Ross y con una historia de exploración polar de comienzos del siglo XX que no tiene equivalente. La experiencia es más exigente y más radicalmente austral.
¿Cuándo es la temporada de expedición al mar de Ross?
La temporada va de noviembre a enero, el verano austral. Noviembre y principios de diciembre son los mejores meses para los pingüinos emperadores con polluelos y para el hielo marino más denso. Diciembre y enero ofrecen más horas de luz, temperaturas algo más suaves y la posibilidad de adentrarse más hacia el sur. Las expediciones que intentan alcanzar latitudes extremas (más al sur de 78 grados) necesitan las condiciones de diciembre-enero.
¿Cuántas personas pueden ir en una expedición al mar de Ross?
Los barcos adecuados para el mar de Ross tienen por lo general entre 50 y 200 pasajeros, con los mejores itinerarios en barcos de 100 pasajeros o menos para facilitar los desembarcos y la proximidad con la fauna. El número de permisos de desembarco en sitios como Cabo Adare está regulado por el Protocolo Antártico, que restringe el número de personas en tierra simultáneamente.
¿Se puede ver el Polo Sur desde el mar de Ross?
El Polo Sur Geográfico está en el interior del continente, a unos 1.300 kilómetros de la costa del mar de Ross. No es accesible desde un barco de expedición. Para visitarlo se requiere un vuelo privado desde Punta Arenas (Chile) o desde las bases antárticas; es una opción disponible para grupos pequeños con logística especializada, pero está fuera del alcance de los itinerarios estándar de expedición marítima.
¿Qué nivel de aptitud física se requiere para esta expedición?
La expedición al mar de Ross requiere una aptitud física media-alta. Los desembarcos en zodiac en terreno rocoso o con oleaje exigen capacidad de movimiento sin asistencia; la travesía oceánica implica días de movimiento continuo del barco que pueden ser exigentes para personas con problemas de movilidad o equilibrio. El estado de salud cardiovascular y la ausencia de condiciones médicas incompatibles con el frío extremo son requisitos que se revisan en el cuestionario médico previo al embarque.

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