REl Largo Camino al Este
2023
“En Samarcanda un panadero puso en mis manos un disco de pan caliente y rechazó cada moneda que le ofrecí.”
Nunca olvidaré el aroma a cardamomo y humo de leña que salía de un tandoor al amanecer en Marrakech, la masa golpeando las paredes de arcilla. Crecí en Mérida, y el mundo al este del Atlántico era algo que solo conocía por la latita de postales que guardaba mi abuela. Estar parada en Kioto noventa días después, habiendo cruzado yo misma cada frontera, fue como caminar por fin dentro de una de esas postales.
GDe los Andes a la Antártida
2019
“Un tripulante me dejó sostener la carta náutica de Puerto Paraíso, y ni una sola bahía de ella llevaba un nombre en español.”
En la cubierta, acercándonos a la Península Antártica, el único sonido era el del hielo raspando el casco, un gemido hondo que sentí en el pecho más que en los oídos. Tracé las cuadrículas de calles del Valle de México durante cuarenta años, seguro de conocer cada forma que podía tomar una costa. Llegar al fondo del mundo le enseñó a este chilango que la ciudad guardada en mis cajones es apenas un puntito pequeño y tibio.
DEl Arco del Pacífico
2022
“En una ensenada de Fiordland la lluvia caía tan suave que parecía brotar del agua, y un lobo marino me observaba sin miedo.”
Frente a Rapa Nui buceé al amanecer y una corriente me arrastró junto a un muro de jureles que giraron todos a la vez, como una única cortina de plata corriéndose hasta cerrarse. Crecí en Xalapa, verde y entre neblinas, estudiando la costa del Golfo desde una lancha prestada. Cruzar el Pacífico entero hasta su orilla más lejana me hizo entender que el océano que había medido toda mi carrera era una sola habitación, sin interrupciones.
MEl Renacer de la Ruta de la Seda
2024
“Enseñé a Marco Polo durante treinta años, y luego escuché el llamado a la oración resonar contra las murallas verdaderas de Bujará.”
En un callejón de Jiva un calderero me dejó dar un solo golpe con su martillo contra una bandeja, y el tañido recorrió la calle de adobe como el de una campana. Durante décadas dibujé la Ruta de la Seda en un pizarrón en Saltillo, una ciudad que mis alumnos imaginan como el confín de la nada. Recorrer yo mismo esa ruta hasta Xi’an les demostró, a ellos y a mí, que un norteño puede pararse en el otro extremo de cada mapa que ha dibujado en su vida.
MDe los Andes a la Antártida
2023
“En la isla Decepción ahuequé arena volcánica negra en una mano y un puñado de nieve en la otra.”
Crecí viendo la neblina rodar sobre los surcos de café por encima de Manizales, así que creía conocer el aire delgado de la montaña. Pero en el lago Titicaca el frío olía a totora y a humo de leña, y una mujer aymara me sirvió un té del color de mi propia cosecha. Parada en la Península Antártica, mientras una ballena jorobada respiraba una sola vez en la bahía, comprendí que mi pequeña loma verde de Caldas estaba ligada al fondo del mundo.
EEl Gran Rift
2022
“En una iglesia de Lalibela un diácono giró su vela de cera de abeja para que no chorreara, y el muro se encendió de oro.”
Quibdó me enseñó la lluvia: el Atrato hinchándose pardo, tamborileando sobre los techos de zinc durante días. Por eso el altiplano seco de Etiopía me dejó pasmado: iglesias de piedra talladas hacia abajo en la tierra roja, y un aire tan limpio que las estrellas parecían lo bastante cercanas para descolgarlas. Al llegar a Ciudad del Cabo, con dos océanos discutiendo en el cabo, sentí que un muchacho del Chocó por fin había tocado la costura del planeta.
LEl Largo Camino al Este
2019
“En Petra apoyé la palma sobre el tambor de una columna y sentí las marcas del cincel de un cantero muerto hace dos mil años.”
Durante cuarenta años labré bloques de andesita para fachadas en Bogotá, leyendo siempre la piedra primero con las yemas de los dedos. En la travesía por el Himalaya me dolían las rodillas, pero las banderas de oración chasqueaban en lo alto y un porteador compartió conmigo cebada tostada que sabía a paciencia. Cuando aparecieron los templos de Kioto en su quietud, yo —una mujer de la sabana, de 2.600 metros— me senté en una orilla lejana que jamás creí que mis huesos alcanzarían.
HEl Arco del Pacífico
2024
“Los rostros de piedra de Rapa Nui contemplaban el oleaje con nosotros, y el mar marcaba un compás lento que mi banda nunca pudo sostener.”
Aprendí el ritmo con el Caribe golpeando el malecón de Santa Marta, tibio y veloz. El Pacífico fue un instrumento completamente distinto: en una laguna de Bora Bora el agua resplandecía turquesa al mediodía y se volvía plata al atardecer, callada como un aliento contenido. Navegando a la deriva por Raja Ampat entre islas que eran como acordes verdes, comprendí que un chico de la costa del Magdalena había cruzado hasta la orilla más lejana del océano y lo había oído responder.
RDe los Andes a la Antártida
2023
“En el canal Lemaire los acantilados se alzaban tan cerca a ambos lados que habría podido tender un hilo entre ellos.”
En un amanecer del paso de Drake el oleaje levantaba todo el horizonte como el peine de un telar que sube, y me aferré a la baranda y me reí del tamaño de aquello. He teñido lana con cochinilla toda mi vida en los cerros sobre Cusco, y seguir nuestras propias montañas hasta el borde mismo del hielo me hizo sentir que mi pequeño valle no era más que el comienzo de un camino enorme.
DEl Arco del Pacífico
2024
“Frente a Rapa Nui dejé correr la sondaleza hasta que se aflojó, y la profundidad que encontró me hizo susurrar el número.”
En un canal de Moorea, con la marea quieta, el agua pendía tan inmóvil que mi propia sombra se dibujaba nítida sobre la arena, a cuatro metros de hondo. Crecí leyendo la fría corriente de Humboldt frente a Trujillo, donde el mar es gris y serio y el afloramiento nunca descansa, así que cruzar el Pacífico entero hasta su lado cálido y transparente fue como conocer un océano que solo había modelado en papel.
BEl Gran Rift
2022
“En una aldea etíope una abuela me mostró la tela con que envuelve a los recién nacidos, teñida del rojo de la arcilla de nuestro río.”
En el altiplano el aire frío de la mañana traía humo de leña y café tostándose, y una niña corrió junto a nuestro vehículo alzando un trompo tallado a mano para que yo lo admirara. Vengo de una ciudad a la que solo se llega por río o por avión, cercada de selva, así que recorrer un continente entero a lo largo me mostró hasta dónde puede llegar de verdad una mujer de la Amazonía.
AEl Renacer de la Ruta de la Seda
2019
“En una madraza de Bujará medí un umbral a ojo y encontré la misma proporción que dibujé toda mi vida.”
Al atardecer, el llamado a la oración se deslizaba sobre las tibias murallas de adobe mientras unos ancianos jugaban ajedrez en la plaza, y la luz tenía el oro exacto del sillar de mi propia Arequipa. Pasé cuarenta años dibujando patios y bóvedas para nuestra ciudad del desierto, así que recorrer un camino que otros habían construido sala por sala, hasta llegar a Xi’an, fue como una conversación callada entre constructores a través de los siglos.
MEl Largo Camino al Este
2023
“En Samarcanda una tintorera me mostró su tina de índigo y conversamos una hora con las manos, sin palabras.”
Sobre la plaza de azulejos del Registán, al atardecer, toqué el esmalte cobalto y pensé en ese mismo azul que mi madre hilaba en nuestros aguayos. Crecí cargando atados de lana cerro abajo en El Alto, y seguir un hilo de color hasta Kioto fue como una prueba de que nuestros telares nunca fueron pequeños.
REl Gran Rift
2022
“En un campo de Etiopía un agricultor desmenuzó la tierra de su terraza en mi palma, y se mantuvo unida igualito que la mía en casa.”
En un amanecer del Ngorongoro las manadas se movían por el fondo del cráter en una lenta trenza parda, y entendí la escala de un modo que ningún mapa me había enseñado. Vengo del calor verde y llano de Santa Cruz, donde creemos que nuestras llanuras no tienen fin; cruzar África hasta Ciudad del Cabo me mostró que el mundo es más ancho, y que la tierra, en todas partes, hace las mismas preguntas.
TDe los Andes a la Antártida
2024
“Sobre la capa de hielo antártica extraje un testigo corto y sostuve una capa de nieve que cayó antes de que yo naciera.”
En una mañana patagónica vi al Perito Moreno desprender una torre de hielo hacia el lago, y el azul de su herida era más brillante que cualquier cielo. Crecí siguiendo el retroceso de las cumbres blancas sobre Cochabamba, midiendo lo que estamos perdiendo; llegar al hielo inmenso de la Península Antártica fue como conocer por fin al padre de cada glaciar que he llorado.
IMás Allá del Azul
2025
“Desde el borde del globo la Tierra se curvaba alejándose, y por una vez yo miraba hacia abajo, a la oscuridad, en lugar de mirar hacia ella.”
En el Atacama el cielo nocturno estaba tan tupido de estrellas que parecía arenilla que pudieras frotar entre los dedos, y lloré sin haberlo decidido. Pasé cuarenta años dentro del Cerro Rico de Potosí, en túneles donde no llega ninguna luz; ascender al borde del espacio a los setenta fue como la montaña dejándome por fin subir.
MDe los Andes a la Antártida
2023
“En la Península, la luz que despedía el hielo era ese blanco que los restauradores persiguen bajo vidrio, y aquí estaba, indómito.”
He pasado treinta años reparando santos coloniales quebrados en las iglesias de Cuenca, aprendiendo cada matiz que esconde un barniz viejo. Pero parada en la cubierta, cerca de la Península Antártica, viendo el agua de deshielo correr turquesa por un témpano, comprendí que había llegado al borde inferior del mapa. Una conservadora del valle del Tomebamba, en el extremo blanco de las Américas: todavía no termina de parecerme real.
PEl Renacer de la Ruta de la Seda
2019
“En Samarcanda un azulejero me mostró sus manos; estaban manchadas del mismo azul que mi viejo uniforme.”
Conduje las locomotoras diésel de la línea de Quito durante cuarenta años, con las manos siempre negras de grasa. En Bujará comí albaricoques tibios recién cortados de la rama al amanecer, con el llamado a la oración flotando sobre los techos de adobe, y pensé en el huerto de mi abuela por encima de Ambato. Seguir el viejo camino de las caravanas hasta Xi’an —un hombre del ferrocarril, de los Andes, viajando al fin sobre la vía de hierro de otro, rumbo al este— se sintió como una deuda saldada.
DEl Arco del Pacífico
2024
“En Rapa Nui un guardaparques me llevó hasta un petroglifo de un atún, y reconocí ese pez de mi propia costa.”
Patrullo las reservas de bosque seco por encima de Manta, contando nidos y ahuyentando cazadores furtivos, así que una costa que debo proteger ha sido siempre mi lugar de trabajo. En Rapa Nui me senté de noche bajo los moáis mientras ese mismo océano rompía debajo de ellos, y el agua se sentía continua con la de casa. Cruzarlo hasta su extremo más occidental, una mujer de un puerto de Manabí leyendo el mar entero como una sola y larga frase, soltó algo apretado en mi pecho.
EEl Gran Rift
2022
“En una iglesia tallada en la roca un sacerdote cantó para mí a solas, con una voz más antigua que cualquier partitura que yo posea.”
Loja se llama a sí misma la capital musical del Ecuador, y he enseñado a sus niños a leer el silencio con tanto cuidado como el sonido. En las montañas Simien el viento atravesaba las lobelias con una larga nota sostenida que casi habría podido anotar en un pentagrama. Recorrer África a lo largo hasta Ciudad del Cabo, un guitarrista de una pequeña ciudad del sur andino parado donde discuten dos océanos, me enseñó que la distancia misma tiene su tempo.
MEl Gran Rift
2022
“Un sanador masái extendió su atado de hierbas al atardecer; no compartimos una sola palabra, y sin embargo conocí cada vendaje que había allí.”
En el altiplano etíope el aire olía a basalto mojado y a cebada tostándose, y una anciana puso injera caliente en mis manos antes de que pudiera negarme. Crecí en Salta, corriendo en una ambulancia por el valle de Lerma, y África era un color en un mapa escolar; parada en Ciudad del Cabo, con el frío Atlántico en las espinillas, sentí que el planeta entero por fin se había vuelto una sola cosa continua, que se podía recorrer a pie.
TDe los Andes a la Antártida
2019
“En una bahía antártica una placa de hielo se dio vuelta y mostró su cara inferior, surcada como el lecho de un río que yo cartografiaría.”
Medí el caudal del Paraná durante cuarenta años, leyendo un río pardo como otros leen un rostro. Nada me preparó para el silencio cerca de la Península Antártica, roto apenas por el agua de deshielo hilándose por un muro azul. De la luz plana del río en Rosario a las cavernas de aquel hielo, comprendí, a los setenta y uno, que el país que amo es solo el umbral de algo mucho más grande.
CEl Arco del Pacífico
2024
“En Rapa Nui la sombra de un moái cruzó mi lente al amanecer, y las manos me temblaron tanto que la toma salió borrosa.”
En un puerto de Tahití, al atardecer, los pescadores colgaron faroles sobre el agua y toda la bahía se convirtió en monedas de luz flotando. Crecí al pie de los Andes patagónicos creyendo que vivía en el borde del mapa; cruzar el Pacífico me enseñó que no hay borde, solo más océano, y que el otro lado simplemente te devuelve la mirada.
IEl Largo Camino al Este
2023
“En Samarcanda un vendedor me sirvió té verde bajo azulejos azules, y saboreé la paciencia de mi propio abuelo.”
En la travesía por el Himalaya el frío adelgazaba el aire hasta que cada respiración parecía racionada, y pensé en la poda de las vides en altura del Valle de Uco, donde también negociamos con el cielo. Al llegar a Kioto, viendo el vapor levantarse del estanque de un templo, comprendí que un mendocino que pasa la vida esperando la cosecha siempre estuvo, en secreto, hecho para un viaje de noventa días hasta el otro extremo de la tierra.
CEl Arco del Pacífico
2023
“En Rapa Nui el viento traía sal y pasto machacado, y lo leí igual que leo una copa antes de catarla.”
En una aldea de las Marquesas un hombre partió un coco verde y el primer sorbo fue tan frío y limpio que reseteó todo mi paladar. Entrené mi nariz en las bodegas y comedores de Valparaíso, nombrando lo que otros apenas tragan; cruzar el Pacífico, viendo cómo ese mismo azul se ahondaba desde la luz de las estrellas del Atacama hasta el coral de Indonesia, hizo que nuestro pequeño puerto se sintiera como la puerta hacia medio mundo.
JDe los Andes a la Antártida
2019
“Cerca de la Península, la lámpara del barco barrió un témpano a medianoche, y pensé en cada haz de luz que alguna vez recorté.”
Cuidé los faros a lo largo del estrecho de Magallanes durante cuarenta años, a solas con el viento y con los barcos que nunca conocería. El silencio cerca de la Península Antártica me deshizo: solo un témpano desplazándose en algún lugar y mi propio pulso. Crecí en Punta Arenas, y el extremo sur siempre se sintió como el final de todo; este viaje me mostró que era un comienzo, y que yo había vivido todo el tiempo en el umbral.
AEl Largo Camino al Este
2024
“En un zoco de Marrakech un vendedor puso en mi mano una masa tibia de azahar y rechazó cada moneda que le ofrecí.”
Noventa días desde Madrid, y la mañana que más recuerdo es un desayuno sobre un valle entre neblinas, antes de nuestra travesía por el Himalaya: té con mantequilla, aire delgado y frío, picos que no podía nombrar. La lluvia de Valdivia había sido siempre todo mi horizonte; al llegar a Kioto, en el otro lado del planeta, comprendí que una chica de un pueblo de río del sur del mundo podía simplemente seguir caminando hasta que se acabara el mapa.
RMás Allá del Azul
2025
“Desde la góndola del globo el cielo sobre mí se volvió negro al mediodía, y la Tierra se curvó como algo que pudiera ahuecar en la mano.”
He apuntado telescopios a los cielos del Valle del Elqui toda mi vida, pero nada me preparó para el sumergible: ese azul lento atenuándose hasta la oscuridad absoluta, y luego un resplandor pasando a la deriva frente al ojo de buey. Ascender desde las noches del desierto de La Serena hasta el borde del espacio, en un solo viaje, fue como si mi salón de clases por fin se hubiera abierto de golpe sobre la cosa real.
LEl Gran Rift
2022
“En Lalibela el canto se alzaba de la roca misma, y me sorprendí marcando el corte con la mano.”
En el cráter del Ngorongoro el pasto del amanecer estaba plateado de neblina, y un león tosió en algún lugar que no podía ver, una nota grave que quedó suspendida en el frío. La Montaña de la Mesa, en Ciudad del Cabo, se sintió como el final de un hilo que había seguido a lo largo de toda África. Crecí junto al tibio Atlántico en Recife, y nunca imaginé que volvería a encontrarme con ese mismo océano al pie de otro continente.
ODe los Andes a la Antártida
2019
“En la Península Antártica la cara de un glaciar se alzaba más alta que cualquier cosa que yo hubiera levantado, y nadie la había vaciado en cemento.”
En Torres del Paine el viento me empujaba el pecho como una cosa viva, y las torres de granito se volvieron rosadas y luego grises en menos de un minuto. Cuando el barco por fin se abrió paso entre el hielo suelto frente a la Península, todo quedó en silencio salvo el casco. Pasé cuarenta años levantando pasos a desnivel en Curitiba, gris y fría, y aquí, por fin, había un lugar que ningún ingeniero había tocado jamás.
REl Largo Camino al Este
2024
“En un puesto de Marrakech un hombre destapó un frasco de atar de rosas, y todo el callejón atestado pareció enmudecer.”
En un mercado de especias de Estambul el aire venía en capas —clavo sobre lima seca sobre resina tibia— y me quedé leyéndolo igual que mezclo en casa. Vengo de Manaus, donde cada bocanada que llega del bosque ya es un perfume de madera húmeda y de río; cruzar medio planeta por tierra, siguiendo aromas hasta el fresco incienso de cedro de Kioto, fue aprender que el mundo tiene puertas.
DEl Arco del Pacífico
2023
“En Rapa Nui acerqué mi grabadora al pasto y capté un viento que había cruzado océano vacío para llegar hasta allí.”
En un manglar de Raja Ampat, al amanecer, mis audífonos se llenaron de una marea de chasquidos y crujidos, un arrecife hablándose a sí mismo en la oscuridad. Vengo de Salvador, donde he pasado años salvando los patrones de tambor de la ciudad en cinta antes de que se desvanezcan. Cruzar un océano me enseñó que el otro lado del mundo guarda sus propios sonidos, y que alguien debería estar ahí para escucharlos.
YDe los Andes a la Antártida
2023
“Una colonia de pingüinos cerca de la Península rugía como un estadio, y me reí de un ruido tan fuerte en un lugar tan frío.”
En el Atacama me arrodillé y apoyé la palma sobre un suelo que no había sentido lluvia en décadas, seco como el aire sobre el lago de mi tierra en julio. Crecí donde el calor se te posa encima como una sábana mojada, y nunca creí que existiera un lugar tan silencioso. Parada sobre el hielo de la Península Antártica, con los pingüinos de barbijo chillando detrás de mí, comprendí que una chica de Maracaibo podía llegar al fondo del mapa.
REl Largo Camino al Este
2019
“En la travesía por el Himalaya un porteador me señaló un hilo de cable tendido sobre una garganta, y me olvidé de seguir caminando.”
En la travesía el frío olía a piedra y a humo de leña, y cada mañana los picos tomaban el color de la pulpa del albaricoque antes de que el sol los despejara. Pasé la vida manteniendo los teleféricos de Mérida trepando la Sierra Nevada, así que creía conocer las montañas y el aire delgado. Estar parado en Kioto al final, a noventa días de Madrid, fue aprender que mi pequeño hogar andino da al mundo entero que gira.
FEl Arco del Pacífico
2024
“En un bajío de arena de Raja Ampat un tiburón alfombra yacía tan inmóvil bajo sus propios flecos que casi le pongo la mano encima.”
Frente a Rapa Nui el agua era de un azul tan profundo que se sentía como caer, y una mantarraya giraba debajo de mí sin batir una sola vez las alas. Crecí caminando la rambla, nombrando las pocas especies opacas que entrega el pardo Río de la Plata e imaginando lo que había más allá. Tras sesenta días cruzando el Pacífico abierto hasta los arrecifes de Indonesia, por fin nadé entre los peces que solo había clasificado en los libros.
AEl Gran Rift
2022
“En la Mara Masái un pastor contaba su ganado por el blanco de los cuernos al atardecer, exactamente como me enseñó mi padre.”
En el altiplano etíope el aire era delgado y limpio y las terrazas de cebada resplandecían verdes contra la tierra roja, igual que se ven nuestros campos tras la primera buena lluvia. He pasado la vida con las botas en el barro del Paraná, arreando animales que nadie fuera de nuestro departamento vería jamás. Al llegar a Ciudad del Cabo, ochenta días bajando por el espinazo de África, sentí que el mundo no quedaba tan lejos, después de todo, para un hombre de Encarnación.
MEl Arco del Pacífico
2023
“En el Rano Raraku un solo helecho silvestre crecía del hombro de un moái, y lo dibujé antes de dibujar la piedra.”
Parada en el borde del cráter al atardecer, olí pasto volcánico mojado y no escuché nada más que viento, el mismo viento que cruza el agua durante miles de kilómetros. En Cartago vivimos al pie de un volcán que decide nuestro clima; llegar a una isla construida por otro volcán, a un océano entero de distancia, fue como conocer a un primo lejano. Dibujé los arrecifes de Raja Ampat en mi cuaderno hasta que se me acalambró la mano.
EEl Renacer de la Ruta de la Seda
2022
“En un arco de Jiva recorrí con el dedo una enredadera tallada y pensé en cada mercado que caminó mi abuela.”
Al amanecer en el Registán un hombre barría las piedras con barridas largas y parejas, igualito que alguien barre la plaza de Xela antes de que lleguen los vendedores. He enseñado la Ruta de la Seda desde un pizarrón durante veinte años; pararme sobre ella, un hombre k’iche’ lejos del altiplano, hizo que mi propia ciudad pequeña se sintiera cosida a algo enorme y antiguo.
YDe los Andes a la Antártida
2024
“Una foca leopardo emergió junto a nuestra lancha cerca de Ushuaia y exhaló; ese aliento todavía me despierta a veces.”
En el alto Altiplano crucé una laguna teñida de rosa por los flamencos, con el frío quemándome las mejillas, un color y un silencio que jamás había encontrado en el verde húmedo de David. Cuando por fin se alzó la Península Antártica, azul e inmensa, lloré: una chica de Chiriquí, de un país definido por un paso entre océanos, había cruzado el largo entero de las Américas para llegar al hielo del fondo.
AEl Gran Rift
2019
“En un taller de Lalibela un tejedor manejaba un telar de foso con los pies, y yo, que había pasado cuarenta años entre máquinas, observaba.”
En el altiplano etíope el aire era delgado y filoso y las iglesias estaban talladas hacia abajo, directamente en la roca roja, y yo, que había dirigido una ruidosa fábrica en Santiago durante cuatro décadas, me quedé completamente en silencio. Recorrer el espinazo de África y pararme en Ciudad del Cabo mirando al sur significó algo para mí: mi isla mira hacia esa agua, y yo por fin la había seguido de regreso a casa.
EEl Arco del Pacífico
2023
“Buceando en Raja Ampat conté más peces en una sola respiración que los que había registrado en quince años frente a nuestra costa.”
En Rapa Nui nadé al amanecer mientras los moáis contemplaban el mar de espaldas a él, y una tortuga verde subió a mi lado, sin prisa, a tomar aire en la superficie. Crecí en la playa de la Malvarrosa viendo encogerse los cargueros hasta volverse nada; parada en el otro lado de ese mismo Pacífico, comprendí que el horizonte que había mirado de niña no había sido nunca otra cosa que la puerta.
TEl Largo Camino al Este
2019
“En un jardín de Kioto un jardinero había dispuesto pasaderas a través de un estanque, y me quedé haciendo los cálculos de separación que él había hecho a puro tacto.”
Caminamos tres días adentrándonos en el Himalaya y una mañana las nubes se rasgaron sobre un valle tan hondo que zumbaba, y lloré sin haberlo decidido. Pasé cuarenta años proyectando puentes sobre los ríos de España; salir de Madrid a pie, más o menos, y llegar a Kioto habiendo cruzado todas las clases de terreno que existen, fue la única estructura que ayudé a levantar que llegó de un extremo al otro.
NDe los Andes a la Antártida
2024
“Frente a la Península un témpano tabular pasó a la deriva, plano como una bandeja, y me sorprendí midiéndolo con ojo de pastelera.”
En el Atacama la noche era tan oscura y tan ruidosa de estrellas que me olvidé de respirar, y un guía me alcanzó un mate de coca que humeaba contra el frío. La mayoría de los días horneo bajo la calma fluorescente de una cocina de Gràcia; viendo deslizarse junto al casco el primer hielo azul de la Península Antártica, comprendí que por fin había llegado a un lugar que mis manos no podían mejorar, solo presenciar.
JEl Renacer de la Ruta de la Seda
2022
“Un luthier en Bujará afinó para mí un dutar de mástil largo, y mis dedos reconocieron a un primo que nunca habían conocido.”
Cruzando el Cáucaso paramos en una mesa al borde del camino, en Georgia, donde un anciano cantaba en armonías que se doblaban igual que se dobla una saeta de Triana, y tuve que apartar la mirada. He tocado las mismas seis cuerdas en los mismos barrios de Sevilla toda mi vida; siguiendo el viejo camino de Estambul a Xi’an, escuché mi propia música respondida, nota por extraña nota, por medio mundo de por medio.
PEl Gran Rift
2025
“En una aldea etíope una niña caminó un kilómetro junto a nuestro vehículo solo para practicar su inglés.”
En el Serengueti la luz del amanecer subía dorada sobre un pasto que corría más allá de cada borde de la vista, y las manadas pastaban en ella como si la mañana les perteneciera. Paso mis días en Valencia sentada con familias en sus horas más duras, aprendiendo cuánto puede cargar una persona; al llegar a Ciudad del Cabo tras ochenta días bajando por el espinazo de África, sentí que el planeta por fin me entregaba su verdadera escala.
MEl Gran Rift
2022
“Al amanecer en las montañas Simien una tropa de geladas pasó junto a mi carpa, masticando pasto, ignorándome por completo.”
He pasado treinta años prensando manzanas en una sagardotegi de piedra cerca de Bilbao, donde la lluvia nunca se detiene de verdad. Por eso, estar parada en el calor seco del altiplano etíope, viendo cómo el escarpe se desplomaba en la bruma, deshizo algo dentro de mí. Cuando por fin llegamos a Ciudad del Cabo y volví a saborear el Atlántico —el mismo océano que golpea la costa de Bizkaia— comprendí que había recorrido el espinazo entero de un continente para encontrar un agua que olía a casa.
BEl Largo Camino al Este
2023
“En un patio de Samarcanda un encuadernador plegaba un pliego con la uña del pulgar, el mismo doblez que hago yo en mi mostrador.”
Crecí en Santiago, donde medía la distancia en etapas del Camino: todos llegan a nuestra catedral, nadie la deja atrás. Por eso cruzar el Cáucaso de Georgia a pie, respirando humo de leña y hojas mojadas de haya, sentí el extraño vértigo de ser un peregrino que va en sentido contrario. Al llegar a los templos cubiertos de musgo de Kioto tras noventa días, por fin entendí que mi ciudad no es el final de un camino, sino el comienzo de uno.
YEl Arco del Pacífico
2024
“En una cresta de Raja Ampat un ave del paraíso sacudió sus plumas con la primera luz, y me olvidé de levantar los binoculares.”
Anillo aves marinas en los acantilados de Gran Canaria, donde el Atlántico es hondo y fresco y un poco severo y las pardelas vuelven cada año con el mismo viento. Seguir aves de bosque por las islas de Indonesia, escuchando cantos que solo había conocido en grabaciones, deshizo algo en mí. Parada más tarde bajo los campos de estrellas del Atacama, sentí a mi isla como un pequeño puerto iluminado, y al planeta girar por fin entero a mi alrededor.
LDe los Andes a la Antártida
2019
“Los motores se apagaron cerca de la Península Antártica y el silencio fue tan total que podía oír mi propio pulso.”
Durante cuarenta años mantuve andando los motores marinos que salían del puerto de Gijón, así que conozco el olor del diésel y del acero frío mejor que el de mi propia cocina. Cruzando los altos salares del Altiplano, y luego viendo desprenderse los glaciares de la Península, sentí caer la maquinaria del mundo. Al llegar al revés más lejano del planeta, una mujer cántabra sola sobre el hielo, me reí en voz alta de lo lejos que el mar me había llevado por fin.
TEl Renacer de la Ruta de la Seda
2021
“En un patio de Bujará un anciano me sirvió té verde y nombró, en orden, cada ciudad al oeste de la suya.”
Curo objetos medievales de comercio en Palma, y durante años etiqueté cosas de lugares que solo había imaginado. Caminando el polvo de las murallas de Jiva, escuchando las hojas de morera susurrar exactamente como debieron hacerlo para las caravanas, esas etiquetas se volvieron reales bajo mis pies. Desde mi isla mediterránea la Ruta de la Seda siempre había parecido una línea en un pergamino; al llegar a Xi’an, vi que era un hilo, y que Mallorca estaba sencillamente anudada en su extremo occidental.
Aún no hay viajeros en ese viaje; elige otro.