Groenlandia: el continente de hielo y la cultura inuit viva
El Pacífico y los Polos

Groenlandia: el continente de hielo y la cultura inuit viva

Groenlandia es la isla más grande del mundo y alberga el segundo casquete glaciar del planeta, pero también una cultura inuit que lleva cuatro mil años adaptando el ingenio humano a uno de los entornos más extremos de la Tierra.

Groenlandia tiene la capacidad de hacer que los superlativos se queden cortos. Con más de dos millones de kilómetros cuadrados —de los cuales aproximadamente el ochenta por ciento está cubierto por un casquete glaciar que en algunos puntos supera los tres kilómetros de espesor— es la isla más grande del mundo y uno de los depósitos de agua dulce más importantes del planeta. Si ese hielo se fundiera en su totalidad —un escenario que los climatólogos estudian pero que tardaría siglos en materializarse— el nivel del mar en todo el mundo subiría unos siete metros. Esta sola cifra basta para comprender el papel de Groenlandia en la física del clima terrestre.

Y sin embargo Groenlandia no es solo hielo. A lo largo de su costa, libre de glaciares en muchos tramos durante el verano, viven unos cincuenta y seis mil habitantes —la mayoría inuit, llamados groenlandeses o kalaallit— en poblados de casas de colores vivos que contrastan con el negro de la roca y el blanco del fiordo helado. Su cultura, su lengua (el groenlandés, o kalaallisut) y sus tradiciones de caza, navegación en kayak y trabajo del hueso son continuación directa de una civilización de cuatro mil años. Viajar a Groenlandia es, simultáneamente, una expedición polar y un encuentro con una de las culturas vivas más antiguas y resilientes del Ártico.

El casquete glaciar: comprender el inlandsis

El casquete glaciar de Groenlandia —conocido como inlandsis, del danés y el groenlandés— cubre aproximadamente 1,7 millones de kilómetros cuadrados y tiene un volumen de hielo de cerca de 2,85 millones de kilómetros cúbicos. Es el segundo más grande del mundo, solo superado por el de la Antártida. La capa de hielo tiene una topografía propia: su centro es una inmensa cúpula elevada que llega a más de tres kilómetros de altitud sobre el nivel del mar, desde la cual el hielo fluye radialmente hacia los bordes a través de corrientes de hielo rápidas llamadas glaciares de desagüe, muchos de los cuales terminan en los fiordos costeros produciendo icebergs.

El glaciar de Sermeq Kujalleq, conocido en danés como Jakobshavn Isbrae, en la bahía de Disko en la costa oeste, es uno de los glaciares más rápidos y productivos de icebergs del mundo: en algunos años descarga más de cuarenta kilómetros cúbicos de hielo al océano. El iceberg que hundió el Titanic en 1912 probablemente se originó en los glaciares de la costa oeste de Groenlandia. El fiordo de Ilulissat, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2004, es la puerta de entrada más accesible a este espectáculo del hielo en movimiento.

Los fiordos y el hielo marino

La costa de Groenlandia está cortada por miles de fiordos, algunos de los cuales tienen cientos de kilómetros de longitud. En el sur y el oeste, los fiordos estivales son navegables y ofrecen escenarios de una belleza casi irreal: paredes de roca que caen verticalmente al agua, icebergs de todas las formas imaginables —algunos tan grandes como edificios de varios pisos, azulados y translúcidos en sus caras expuestas— y, en el fondo, el silencio absoluto que solo interrumpe el sonido del hielo crujiendo o del viento en los acantilados.

En el norte y el este, la situación es más extrema. El fiordo de Scoresby Sund, en la costa este, es el fiordo más largo del mundo con más de trescientos kilómetros, y en él el hielo marino persiste mucho más tarde en la temporada. Los barcos de expedición que se adentran en estas aguas navegan entre bloques de hielo marino a la deriva en un paisaje que rara vez tiene humanos en él. La fauna ártica —narvales, ballenas boreales, osos polares, zorros árticos, renos— es aquí más salvaje y menos acostumbrada a la presencia humana que en Svalbard.

La cultura inuit: cuatro mil años de adaptación

Los ancestros de los groenlandeses actuales llegaron al continente en oleadas migratorias sucesivas desde el norte de Canadá. La cultura Saqqaq apareció hace aproximadamente cuatro mil quinientos años; la cultura Dorset llegó después; finalmente, la cultura Thule, antecesora directa de los inuit groenlandeses modernos, se extendió por toda Groenlandia hace unos ochocientos años. Esta continuidad cultural no es solo historia: las técnicas de construcción del kayak, la caza del caribú y la foca, la confección de ropa de piel y el lenguaje son herencias vivas que se transmiten activamente.

La lengua kalaallisut —el groenlandés occidental, que es el idioma oficial junto con el danés— es un idioma polisintético de extraordinaria complejidad en el que palabras largas y complejas expresan oraciones enteras. Los jóvenes groenlandeses crecen en una sociedad que navega simultáneamente entre la modernidad escandinava —Groenlandia es un territorio autónomo del Reino de Dinamarca— y las tradiciones de sus abuelos. En comunidades como Ilulissat, Sisimiut o Tasiilaq, los cazadores siguen saliendo al hielo en trineos de perros y en kayak, no como performance turística sino como modo de vida.

Los vikingos y el enigma de su desaparición

Groenlandia fue colonizada por vikingos noruegos hacia el año 985, liderados por Erik el Rojo, que fue exiliado de Islandia y encontró tierra al otro lado del estrecho de Dinamarca. Estableció dos asentamientos —el Asentamiento Este, cerca de la actual Qaqortoq, y el Asentamiento Oeste, cerca de la actual Nuuk— que prosperaron durante varios siglos y llegaron a tener miles de habitantes. Los restos de estas granjas y de las iglesias románicas que construyeron son visibles aún en el sur.

Hacia mediados del siglo XV, los asentamientos vikingos de Groenlandia habían desaparecido. El porqué es uno de los grandes debates de la historia medieval: el empeoramiento climático de la Pequeña Edad de Hielo, el declive del comercio con Europa, los conflictos con los inuit, la rigidez cultural que impidió adaptarse al modo de vida ártico —todos estos factores probablemente contribuyeron. Lo que hace especialmente llamativo el caso es el contraste con los inuit, que no solo sobrevivieron al mismo enfriamiento climático sino que expandieron su territorio durante ese período.

Nuuk y los pueblos del sur: la cara humana

Nuuk, la capital de Groenlandia con unos dieciocho mil habitantes, es una ciudad de contrastes sorprendentes: edificios de apartamentos de colores junto al puerto, un museo nacional que contiene las momias de Qilakitsoq —cuerpos inuit del siglo XV conservados por el frío seco, de extraordinaria importancia arqueológica—, y restaurantes que sirven platillos elaborados con foca, ballena y reno junto a la cocina danesa de siempre. El Museo Nacional de Groenlandia en Nuuk es una escala imprescindible para contextualizar lo que el viajero verá después.

Más al sur, la región de Qaqortoq y Narsarsuaq guarda los restos vikingos más accesibles, una vegetación más abundante —incluyendo pequeños bosques de abedul y sauce ártico— y los colores excepcionales del verano ártico. La región de Disko, en la costa oeste central, es el hub de acceso al fiordo de Ilulissat y al glaciar Sermeq Kujalleq. Los itinerarios de expedición más completos combinan varios de estos escenarios, navegando de sur a norte o viceversa en barcos pequeños que permiten entrar en fiordos y bahías inaccesibles para los grandes cruceros.

Cómo viajar a Groenlandia

Groenlandia no tiene carreteras entre sus ciudades: el transporte se hace por aire (vuelos internos de Air Greenland), por barco o, en invierno, por trineo de perros y moto de nieve. Los vuelos internacionales entran principalmente desde Copenhague a Nuuk (unas cuatro horas) o a Kangerlussuaq (la antigua base estadounidense de Sondrestrom, que es el principal hub aéreo interno del país). Desde Reikiavik también hay vuelos estacionales a varias localidades.

La temporada de expedición en barco pequeño va de junio a agosto, con julio como mes más estable y accesible. Los grupos son pequeños —los barcos de expedición adecuados para los fiordos groenlandeses raramente llevan más de cien pasajeros, y los mejores bastante menos—. El equipaje y las expectativas deben calibrarse para la variabilidad meteorológica: las tormentas pueden llegar rápido, y la experiencia de estar varado en un pueblo de cincuenta personas durante un día de niebla cerrada no es un contratiempo sino, frecuentemente, el momento más memorable del viaje.

Notas de viaje

Respuestas rápidas

¿Se necesita visado para visitar Groenlandia?

Groenlandia es un territorio autónomo del Reino de Dinamarca y pertenece al reino danés pero no a la Unión Europea ni al espacio Schengen. Los ciudadanos de muchos países (incluyendo la UE, EE.UU., Canadá, Australia y otros) pueden entrar sin visado para estancias de hasta tres meses con fines turísticos. La entrada habitual es vía Dinamarca o Islandia, cuyos propios requisitos de entrada se aplican al tránsito.

¿Cuál es la diferencia entre viajar al norte y al sur de Groenlandia?

El sur es más accesible, tiene mejor vegetación estival, los restos de los asentamientos vikingos y el fiordo de Narsarsuaq. El centro-oeste, alrededor de Ilulissat y la bahía de Disko, ofrece el espectáculo más impresionante de icebergs y el acceso al glaciar Sermeq Kujalleq. El norte y el este son mucho más remotos y exigen barcos de expedición especializados; el este, alrededor de Tasiilaq y el fiordo de Scoresby Sund, es probablemente el paisaje ártico más salvaje y menos visitado del mundo.

¿Se puede ver la aurora boreal en Groenlandia?

Sí. Groenlandia está bajo el óvalo auroral durante gran parte del año. La mejor época para verla es de septiembre a marzo, cuando hay oscuridad nocturna suficiente. En verano el sol de medianoche hace imposible ver la aurora. La actividad auroral depende del ciclo solar y de la claridad del cielo; las regiones del norte y el este ofrecen las mejores condiciones por su menor contaminación lumínica.

¿Qué fauna se puede observar en Groenlandia?

La fauna ártica de Groenlandia incluye el oso polar (principalmente en el norte y el este), el reno o caribú ártico, el buey almizclero (en el nordeste), el zorro ártico, la foca anillada y la foca barbuda, el narval, la ballena boreal, la beluga y, en aguas más abiertas del sur, la ballena jorobada y la orca. Las colonias de aves marinas en los acantilados de la costa son también espectaculares.

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