Las islas subantárticas de Nueva Zelanda: el Ártico del sur olvidado
El Pacífico y los Polos

Las islas subantárticas de Nueva Zelanda: el Ártico del sur olvidado

Al sur del paralelo 46, las islas subantárticas de Nueva Zelanda son un Patrimonio de la Humanidad habitado solo por millones de aves marinas, pingüinos, focas y leones marinos. Pocas expediciones en el Pacífico son tan remotas ni tan salvajes.

Hay cinco grupos de islas que forman el patrimonio subantártico de Nueva Zelanda: las Snares, las Bounty, las Antipodes, las Auckland y las Campbell. En su conjunto, la UNESCO las declaró Patrimonio Natural de la Humanidad en 1998. Ninguna tiene residentes permanentes, ninguna tiene infraestructura turística, y el acceso a la mayoría de ellas está estrictamente regulado para proteger ecosistemas que nunca han conocido depredadores terrestres introducidos —un estado de pristinidad ecológica que se vuelve más escaso cada año en el Pacífico sur—. Para llegar a ellas desde el sur de Nueva Zelanda se navegan entre dos y cuatro días en barco de expedición, cruzando los mares de la corriente circumpolar antártica.

Lo que espera al viajero que hace esta travesía no tiene equivalente en el mundo del turismo de naturaleza más accesible. En las Auckland Islands, los leones marinos de Nueva Zelanda —Phocarctos hookeri, una de las especies de pinnípedos más raras del mundo— perezean en las playas donde se crían; los pingüinos parados (Eudyptes sclateri) y los pingüinos de los Snares nidifican en densidades que resultan casi inverosímiles; los albatros de cabeza gris, los albatros real del sur y los mollymawks de cejas negras pasan rozando la cubierta del barco con una envergadura que puede superar los tres metros. Pocas expediciones en el Pacífico sur producen una saturación de vida salvaje comparable.

Las cinco islas: perfiles distintos

Las Snares, las más cercanas a la Isla Sur de Nueva Zelanda (a unos 200 kilómetros), son pequeñas, boscosas y el hogar de la mayor colonia de procelariformes del mundo en relación a su tamaño: millones de priones de los Snares (Pachyptila turtur), petrel de los Snares y pingüinos de los Snares nidifican entre los bosques de olearia. No se permite pisar tierra, pero los zodiac que bordean la costa ofrecen avistamientos de una densidad imposible de encontrar en ningún otro lugar. Las Bounty son inhóspitas torres de granito pelado donde los pingüinos erecto de cresta (Eudyptes sclateri) y los cormoranes de las Bounty se agolpan en cada centímetro de roca horizontal.

Las Auckland Islands son el grupo más grande y más visitado por las expediciones: Port Ross, en el extremo norte, ofrece un ancladero protegido desde el que se puede explorar en zodiac la costa, los bosques de rata —el árbol endémico Metrosideros umbellata— y las colonias de focas y pingüinos. Las Campbell son más abiertas y ventosas, y albergan la única colonia de reproducción de albatros real del sur (Diomedea epomophora) que puede visitarse en condiciones controladas. Las Antipodes, las más remotas de todas, albergan una densidad de pingüinos parados y de procelariformes que convierte la visita en una experiencia casi onírica.

Los albatros: la vida aérea más extrema

Ningún ave encarna mejor el espíritu de las islas subantárticas que el albatros. Las islas subantárticas de Nueva Zelanda son el hogar de reproducción de varias especies, entre ellas el albatros real del sur (Diomedea epomophora) y el albatros real del norte (Diomedea sanfordi) —dos de las aves de mayor envergadura del mundo, con hasta 3,1 metros de punta a punta—, el albatros de cabeza gris (Thalassarche chrysostoma), el mollymawk de cejas negras y el mollymawk de mejillas grises. En las islas Campbell, el albatros real del sur nidifica en la hierba dura de las cimas, construyendo torres de barro y vegetación sobre las que el ave empolla durante once meses.

El vuelo del albatros es uno de los espectáculos más hipnóticos de la naturaleza: usando el viento en cizalladura sobre las olas —la técnica llamada vuelo dinámico o dynamic soaring— el albatros puede cubrir miles de kilómetros al día sin apenas batir las alas. Los anillos de seguimiento por satélite han registrado viajes de circumnavegación del Océano Austral en menos de cuarenta días. Ver a un albatros real planeando a escasos metros del barco, con sus enormes alas apenas perturbadas por el vendaval, es una imagen que permanece.

Los leones marinos de Nueva Zelanda

Phocarctos hookeri —el león marino de Nueva Zelanda o whakahao— es uno de los pinnípedos más raros del mundo, con una población estimada de unos diez mil individuos. Las Auckland Islands son su principal zona de cría: en verano del hemisferio sur (diciembre-febrero), los machos adultos —de hasta 300 kilogramos de peso— establecen territorios en las playas y defienden harenes de hembras mientras los cachorros recién nacidos dan sus primeros pasos en el agua. La especie casi se extinguió por la caza de focas en el siglo XIX y su recuperación es lenta pero positiva.

Lo que hace especialmente memorable la observación de los leones marinos en las Auckland Islands es la ausencia total de miedo hacia los humanos, consecuencia de generaciones sin presencia humana regular. Los animales se acercan con la misma mezcla de curiosidad y aplomo que un perro doméstico; los juveniles juegan entre sí y con cualquier objeto flotante que el zodiac ponga a su alcance. Es uno de los pocos lugares del mundo donde la interacción con grandes mamíferos marinos salvajes tiene una espontaneidad e igualdad de condiciones que resulta emocionante.

Historia humana: naufragios, balleneros y el Enderby Settlement

Las islas Auckland no estuvieron siempre deshabitadas. Los maorís de la canoa Motu Motu llegaron a las islas —que llaman Maungahuka— en algún momento antes del contacto europeo, aunque no se estableció un asentamiento permanente duradero. A partir de 1807, los balleneros y los cazadores de focas empezaron a frecuentar las islas, y entre 1849 y 1852 hubo un intento de colonización bajo la empresa Enderby & Sons que estableció el Enderby Settlement en Port Ross con unas doscientas personas. El proyecto fracasó por el frío, el aislamiento y la dificultad de cultivar en las condiciones subantárticas, y los colonos fueron evacuados.

El legado más dramático de las islas es el de los naufragios. Decenas de barcos se perdieron en los acantilados de las Auckland y las Campbell durante el siglo XIX —la ruta comercial entre Australia y el Cabo de Hornos pasaba cerca de estas islas—, y los supervivientes que llegaban a tierra a veces esperaban meses o años antes de ser rescatados. Tras un naufragio particularmente trágico en 1864, el gobierno neozelandés estableció depósitos de víveres en las islas para los náufragos. Las ruinas de algunas de estas estructuras y de la propia colonia Enderby son visibles aún en las playas de Port Ross.

Cruzar los mares del sur para llegar

La travesía desde Bluff o Invercargill —en el extremo sur de la Isla Sur de Nueva Zelanda— hasta las Auckland Islands dura aproximadamente treinta y seis horas de navegación, cruzando los mares que corresponden a los famosos Cuarenta rugientes y los Cincuenta bramadores. Estos son los mismos océanos que los veleros del siglo XIX temían y que los yachtsmen de regata todavía respetan: los vientos del oeste de la corriente circumpolar antártica generan olas largas de varios metros incluso en condiciones moderadas, y la meteorología cambia rápido.

Los barcos de expedición que operan estas rutas están diseñados para estas condiciones y equipados con estabilizadores, pero la travesía de ida y vuelta es parte inseparable de la experiencia. Muchos pasajeros la recuerdan no como un peaje a pagar sino como el momento de mayor inmersión en el carácter de estos océanos: la sensación de estar lejos de tierra, en aguas que el mundo ignora, viendo petrel gigante y prion a la proa y sintiendo el barco trabajar contra el oleaje es el preámbulo perfecto para la pristinidad que espera al llegar.

Regulación y ética de la visita

Las islas subantárticas de Nueva Zelanda son áreas protegidas de nivel máximo bajo la ley neozelandesa (Reserves Act y Conservation Act), y el Departamento de Conservación (DOC) emite un número muy limitado de permisos anuales de visita. Los barcos de expedición que operan en ellas deben cumplir protocolos estrictos: número máximo de personas en tierra en cada momento, protocolos de bioseguridad para evitar la introducción de semillas, insectos o roedores en las botas y la ropa, y distancias mínimas de las colonias de cría.

Estos protocolos no son un obstáculo a la experiencia sino su condición de posibilidad. La pristinidad de las Auckland Islands —sin ratas ni gatos en la mayoría de sus rincones, sin senderos ni infraestructura turística— existe precisamente porque el acceso ha sido siempre limitado y regulado. El viajero que visita estas islas tiene la responsabilidad de entender que forma parte de un sistema de conservación activo, y que el privilegio de estar aquí viene condicionado al compromiso con las normas que lo hacen sostenible.

Notas de viaje

Respuestas rápidas

¿Cuándo se puede visitar las islas subantárticas de Nueva Zelanda?

La temporada de expedición es de octubre a enero, coincidiendo con el verano austral. Noviembre y diciembre son los meses de mayor actividad reproductora de la fauna: las colonias de cría están en pleno apogeo, los cachorros de león marino nacen en diciembre y los pingüinos están con polluelos. Enero ofrece condiciones marítimas algo más estables. En invierno austral las islas son prácticamente inaccesibles por el clima.

¿Se necesita un permiso especial para visitarlas?

Sí. Las islas subantárticas son reservas naturales y áreas de patrimonio mundial bajo administración del Departamento de Conservación neozelandés (DOC). Los barcos de expedición comerciales que operan estas rutas gestionan los permisos necesarios —que son limitados en número— y el viajero no tiene que solicitarlos individualmente. El DOC pone condiciones estrictas sobre el número de visitantes simultáneos, los protocolos de bioseguridad y las zonas accesibles.

¿Hay riesgo de mareo en la travesía?

La travesía hacia las islas subantárticas cruza aguas abiertas con oleaje frecuente, y es una de las más movidas del mundo del turismo de expedición. Es honesto reconocerlo. Los barcos están diseñados para estas condiciones y los patrones de movimiento son suaves comparados con embarcaciones más pequeñas, pero el mareo es una posibilidad real que debe tenerse en cuenta. Los médicos de a bordo tienen medicación efectiva, y la mayoría de los pasajeros que experimentan malestar el primer día se adaptan al movimiento en uno o dos días.

¿Qué hace que estas islas sean diferentes de las Galápagos o la Antártida?

Las islas subantárticas de Nueva Zelanda son ecológicamente más remotas y menos visitadas que las Galápagos, y tienen un perfil de fauna diferente: el énfasis aquí está en los procelariformes (albatros, petreles, priones) y en los pinnípedos, no en los reptiles o los pingüinos de las Galápagos. Comparadas con la Antártida, tienen vegetación (bosques de rata, helechos, herbáceas altas) y un carácter más verde y selvático, aunque comparten el aislamiento radical y la fauna marina extraordinaria.

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